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Domingo 20 de Julio de 2014
En 2004, Néstor Kirchner y el entonces premier chino Hu Jintao firmaron un memorándum de entendimiento con dos ejes centrales: el reconocimiento argentino de China como economía de mercado y la formación de una asociación estratégica. China prometía aumentar sus importaciones desde Argentina y asumía tibios compromisos de inversión: los famosos 20 mil millones de dólares de Néstor Kirchner, que terminaron por ser un “cuento chino”.
De hecho, la mayor inversión china en activos argentinos, la adquisición de una participación accionaria del 50% de Bridas por parte de CNOOC, no ingresó divisas al país ni generó nuevos empleos pues se trataba de un activo existente. Como tampoco lo hicieron la compra de Standard Bank por ICBC, ni la del 51% de Nidera, ni otras operaciones menores similares: dólares afuera para empleos que ya existían. No hubo tren bala ni préstamos directos para obras de infraestructura. Los trenes del Belgrano Cargas que busca Randazzo exigen usar dólares del BCRA pues su pago se hace al contado. Por ahora, la inversión tampoco generó empleos en el país.
Pero así como la llegada de inversiones directas se concretó de una forma que poco valor agregado generó en Argentina, el aspecto más preocupante de aquel memorándum tuvo que ver con su efecto sobre el comercio. Desde entonces, pasamos de un intercambio superavitario a un déficit en el comercio bilateral que orilla los 5 mil millones de dólares. El memorándum de 2004 encasilló al país, desde la óptica China, en la categoría de proveedor de materias primas. “Reprimarizó”, según el neologismo presidencial, nuestras exportaciones, al punto de que en la actualidad el 80% de nuestras exportaciones corresponden al complejo oleaginoso. Nuestras importaciones desde China, por el contrario, son de origen industrial.
¿En qué puede cambiar el statu quo la llegada de Xi Jinping, el sucesor de Hu Jintao? Desde el punto de vista de China, en nada. Nuestro rol como “proveedor de materias primas” nos ha llevado a representar ¡0,3%! del total de importaciones chinas. Y hasta nuestra participación en las importaciones chinas de productos agrícolas son irrelevantes: apenas el 4% de las importaciones totales, en el sexto lugar entre sus proveedores. Sólo una visión distorsionada de la realidad que exagere la importancia de la relación bilateral puede asignarnos un rol de socio estratégico para China.
Como Hu Jintao en 2004, Xi Jinping también llega a Buenos Aires de paso, como una escala en su viaje de regreso luego de la reunión de los BRICS en Brasil. A diez años de la visita anterior, es difícil calificar esta escala como algo más que protocolar. Habrá algunos acuerdos comerciales, algunos documentos de cooperación, quizás se logre una declaración crítica hacia los “fondos buitre”, pero cuesta imaginar un acta que comprometa fondos concretos. Los chinos no comen vidrio, así que la historia aconseja tomar con pinzas cualquier anuncio de mega-inversiones chinas.
El interés chino por invertir en Argentina existe en tanto somos un proveedor que le permite diversificar sus fuentes de aprovisionamiento de alimentos y, eventualmente, de minerales. Reconocer nuestro rol de proveedores de materias primas y buscar aumentar nuestra influencia como tal debería ser nuestro objetivo comercial, para luego atraer inversiones directas hacia estos sectores o hacia sectores de logística dedicada a su movilización más eficiente hacia los puertos de exportación. Para ello es necesario ofrecer reglas claras a la inversión, algo que este gobierno no parece preparado para dar.
La oportunidad que nos ofrece China como potencia mundial pasa por aprovechar su crecimiento y el de sus vecinos para aumentar su participación en nuestras exportaciones. Es una oportunidad que no debería ser desaprovechada.
La catarata de militantes sin experiencia que desplazaron a funcionarios experimentados en la Cancillería hace dudar del resultado de esta visita. La lente corta con que el gobierno ve todas sus relaciones le contemplar los grandes cambios estructurales que ocurren en el mundo y comprender dónde están las oportunidades de largo plazo. Desperdiciar la visita de Xi Jinping tratando de conseguir en el corto plazo unos dólares que a los chinos les sobran hará de esta visita, que ocurre una vez por década, una pérdida de tiempo.
(3) Comentarios
(Anónimo) Como se descubrio la maniobra de la ATER ahora hay que meter mano en la caja de los chinos
20.07.14 - 21:34 Hs.Reportar abuso
(Anónimo) Ojo ésto es como las pastera se viene la coima,no es cuento chino, es cuento peronísta !!
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